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domingo, 19 de mayo de 2024

Fallece Alice Munro

La escritora canadiense Alice Munro falleció el 13 de mayo de 2024. Hoy en el diario El País se publica este artículo de Elvira Lindo, que bien puede servir como homenaje a esta humilde y genial escritora.

Alice Munro murió esta semana en una residencia con la mente perdida en no se sabe qué senderos, tal vez los mismos que transitaba en sus primeros cuentos y que nunca abandonó del todo, los de su infancia en el Ontario rural y miserable de la gran depresión. Su extrema coherencia la ha llevado a morir como una más de sus personajes, como esos ancianos a los que una hija visita con una mezcla de amor y remordimiento. Con la excusa de preparar una conferencia, he estado unos meses inmersa en su obra, redescubriéndola, porque si Munro pensaba que “en cada década ves el pasado de manera diferente” también las lecturas cambian con la edad. Ahora puedo comprender mejor que antes el devenir de las mujeres a lo largo de sus vidas. A la escritora le molestaba que se la definiera como retratista de la gente corriente. Tenía un problema con esa palabra, corriente, porque no se ajustaba a la consideración que ella sentía hacia sus personajes: todas las vidas son extraordinarias, solía decir; y aunque algunas están sujetas a ocupaciones no precisamente emocionantes, son personas que viven en contra de sus deseos, pero que no por ello carecen de mundo interior. Tampoco estaba de acuerdo con la idea que los pueblos son opresivos. Si ella situó a sus personajes en zonas rurales, como su Wingham natal, fue porque consideraba que en pequeñas comunidades encontraba una destilación de las actitudes humanas.

El primero que la comparó con Chéjov fue su segundo marido, Gerald Fremlin, cuando leyó los cuentos de aquella chica de pueblo publicados en revistas estudiantiles. Aunque haya coincidencias con el cuentista ruso en un estilo puro y preciso, a mi juicio lo que ambos tienen en común es una incorruptible fidelidad a su origen humilde que los distingue de otras vidas literarias. La peripecia de Alice Munro transcurre paralela a sus cuentos: de la chica de pueblo que sueña con escribir y huir de los lazos que la atan a la madre enferma a la mujer moderna de los sesenta que, aun siendo ama de casa, se deja seducir por la irrupción de la contracultura; de la madre negligente que se abandona a una pasión extramatrimonial a la mujer madura que observa cómo los hijos se convierten en extraños. La marca del origen se aprecia hasta en la manera en que encaró el oficio: tantas veces escuchó en la sociedad luterana en la que se crio aquello de “no te hagas la lista”, “no destaques” o el célebre “quién te crees que eres”, que durante años ocultó su pasión por la escritura por no parecer arrogante ante sus vecinas. Eran los primeros sesenta cuando un periódico tituló así una entrevista con ella: “Ama de casa saca tiempo para escribir cuentos”, un desdén propio de la época que pudo haberla desalentado si no hubiera sido por su tozuda autenticidad. A partir de los setenta se convierte en una especie de símbolo nacional por haber levantado un universo literario donde nadie había previsto, en la tierra más pobre y más olvidada. Este paralelismo entre vida y obra está contado de la mejor manera en la singular biografía que su hija Sheila le dedicó, Growing Up with Alice Munro. La unanimidad ante la importancia de su obra no cambió su manera de vivir; y aunque el paisaje urbano se hiciera presente en el devenir de sus personajes siempre había en sus cuentos un tiempo para volver a los viejos caminos. En el último párrafo que escribió, este sí confesional, escuchamos su voz y parece la de cualquiera de las mujeres que inventó: “No fui a ver a mi madre en la última fase de su enfermedad, tampoco a su entierro. Tenía dos niñas pequeñas y nadie en Vancouver con quien dejarlas. No podía permitirme el viaje y mi marido sentía un desprecio por los formalismos. ¿Por qué habría de culparle? Yo era igual. Son cosas que no pueden ser perdonadas o que no nos perdonamos a nosotros mismos. Pero las hacemos. Las hacemos todo el tiempo”. 

martes, 23 de abril de 2024

Día del Libro 2024

Noelia Clavero, la encargada de la redacción del manifiesto del Día del Libro 2024, nos habla del acto de resistencia que es la lectura en tiempos de inmediatez, lo que supone en su vida "lo más importante y lo que más me llena, es la comunidad que se crea, lo colectivo en la lectura", y su experiencia como librera, que ya forma parte de la historia de una de las librerías más emblemáticas de Andalucía, la librería Rayuela de Málaga.

Aquí tenéis una copia del manifiesto.


En este enlace podéis oír el manifiesto en palabras de la propia autora:

https://youtu.be/Ql7Ugp6EXcw

martes, 14 de marzo de 2023

Muere Kenzaburo Oé


Kenzaburō Ōe (大江 健三郎 ]) (Uchiko, 31 enero 1935 - Tokio, 3 marzo 2023)​ fue un escritor japonés, conocido por haber sido el segundo de su país en ganar el premio Nobel de Literatura, en 1994. 

Con motivo del fallecimiento del escritor japonés comunicado ayer por sus familiares, EL PAÏS publica hoy un escrito del escritor Javier Cercas en el que cuenta una anécdota ocurrida en el encuentro que mantuvieron ambos en el Instituto Cervantes de Tokio, en el otoño de 2010, que me parece bastante definitoria del carácter sencillo y de profunda humanidad del escritor japonés.

Aquí os dejo parte del artículo que podéis leer completo en EL PAÏS del 14 de marzo 2023.


"Oé resultó ser un hombrecito minúsculo y sonriente que llegó al Instituto Cervantes solo y se marchó solo, que repartía reverencias por doquier, que hablaba y vestía con una humildad franciscana y que sólo llevaba consigo una humilde cartera de oficinista. De la cual no tardó en sacar unos papeles escritos a mano que se puso a leer, una vez que el moderador del acto nos presentó y le dio la palabra, en medio del silencio reverencial del auditorio. Los papeles trataban sobre Cervantes y sobre Erasmo, pero también sobre la primera novela publicada en japonés por este plumífero. Luego empezó el diálogo. Hablamos sobre todo de Cervantes, pero en determinado momento le pregunté a Oé —que había escrito su tesis doctoral acerca de Jean-Paul Sartre y había importado al Japón la noción de literatura comprometida— qué era para él, tantos años después de que hubiese pasado de moda la expresión, la literatura comprometida.

Fue entonces cuando ocurrió. Oé volvió a hablar sobre mi novela, recordó una escena recurrente en ella, en la que un joven soldado republicano baila un pasodoble agarrado a un fusil, y dijo que, cuando leyó la novela, no sabía lo que era un pasodoble y se lo preguntó a su hijo Hiraki.

(Paréntesis obligatorio. Hiraki Oé fue un niño nacido con graves deficiencias mentales, tantas que los médicos aconsejaron a su padre que lo dejara morir; pero el novelista —que por entonces acababa de cumplir 28 años y tenía una vida y una carrera literaria prometedoras por delante— no aceptó la sentencia de los médicos, y, tras una operación, su hijo siguió viviendo, y ahora mismo, gracias al amor y los cuidados de sus padres, no solo está vivo, sino que es desde hace años un prestigioso compositor musical. Añadamos que la obra de Oé no se entiende sin Hiraki, y que muchas de sus novelas —entre ellas obras maestras como Una cuestión personal o Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura— constituyen un salvaje esfuerzo moral por asumir su responsabilidad en el destino de su hijo y un esfuerzo imaginativo asombrosamente logrado por ponerse en su piel).

De modo que Oé, según contó aquel día en el Instituto Cervantes Tokio, le preguntó a Hiraki qué era un pasodoble. Su hijo, de entrada, no pudo ayudarle mucho —a él sólo le interesa la música clásica—, pero al final, no recuerdo cómo, los dos dieron con una pieza con ritmo de pasodoble en el preludio de la ópera Carmen, de Bizet, y Oé cogió a su mujer y, en el salón de su casa, se puso a bailar aquella extraña música con ella, ante la mirada atónita de Hiraki, como la había bailado o como imaginaba que la había bailado, en un bosque remoto de un país remoto, setenta años atrás, el soldado republicano de mi novela. “Eso es la literatura comprometida”, concluyó Oé. “Una literatura que te compromete por entero, una literatura en la que uno se involucra de tal modo que no sólo quiere leerla, sino también vivirla”.

Es la mejor lección de literatura que he recibido en toda mi vida. Y no sólo de literatura.

Hoy Japón está de luto. Y yo también.

lunes, 13 de febrero de 2023

Carlos Saura se fue buscando...

... la luz. La luz que buscó a lo largo de toda su vida. La luz que obnubilara a aquellos censores que escudriñaban sus películas en busca de ideas que no debían transmitirse, pero que él supo esconder para pasar desapercibidas a esos ojos acostumbrados sólo a la oscuridad. La luz para transmitir a la última generación de la dictadura y la primera de la democracia los mensajes que nos conectaran con la realidad y que nos hicieran olvidar los cuentos con los que nos durmieron, como contaba León Felipe. La luz con la inauguramos los primeros cine-forums para empaparnos con tus obras. La luz con la que nos enseñó a amar el cine, el buen cine, y con la que muchos han aprendido y siguen su estela, ayudándonos a todos a seguir admirando y amando el cine, y el trabajo bien hecho.

Estas palabras que conforman el siguiente artículo están escritas por Carla Simón, como homenaje a Carlos Saura, y que recogen fielmente lo que cualquier seguidor y admirador del director pudiéramos pensar. Fueron publicadas por El País el domingo 11 de febrero de 2023. 

Qué cruel el ciclo de la vida, no por obvio es menos doloroso. Esperábamos ansiosos tu discurso al aceptar el más que merecido Goya de Honor, y con tu ausencia solo nos queda pensarte, celebrarte y darte las gracias todos juntos. Gracias por todo lo que nos dejas, gracias por hacer crecer el cine español, gracias por inspirarnos con tu arte, gracias por ir siempre por delante. Aunque tú solo mirabas hacia el futuro, aunque te importaba poco lo que los demás pensaran de tu obra, el legado que nos ofreces es de un valor incalculable.

Autor de la fotografía: Ricardo Gutiérrez (El País 11 febrero 2023)

Yo te invocaré a menudo. Te invocaré para que me alientes en la búsqueda de mi libertad creativa. Te invocaré para que me recuerdes que nunca me acomode, que experimente y que me aventure siempre hacia nuevos retos cinematográficos. Te invocaré para hallar lo político en lo más íntimo, y para retratar un país sin gritos ni subrayados. Te invocaré cuando quiera filmar personajes ambiguos, cuando quiera jugar con la música, cuando quiera desafiar los géneros, cuando busque la tensión en lo simbólico y el misterio en lo surreal. Te invocaré, hoy y siempre, porque llevo tu cine dentro.
¡Cuántos momentos memorables nos brindan tus películas, qué amplia es tu representación de España, y qué icónico y penetrante se ha vuelto tu imaginario, tanto el real como el simbólico! Por ejemplo, de Los golfos me quedo con las señoras cantando en el mercado donde los chicos venden lo que acaban de robar. De La caza sigo oyendo el silbido de José María Prada bajo el bochorno y el calor. De Ana y los lobos nunca olvidaré la premonición de la muñeca muerta que las niñas encuentran enterrada. De La prima Angélica me quedo con esa llegada al pueblo de José Luis López Vázquez, con el viento agitando los campos y su madre hablándole como de niño. De Cría cuervos atesoro a Ana Torrent cubriéndose la cara de barro después de enterrar el hámster que acaba de matar, y las niñas jugando a interpretar a sus adultos, claro. De Elisa vida mía se me repite la imagen de Geraldine Chaplin vestida de blanco y andando entre los campos de la meseta castellana. De Deprisa, deprisa llevo dentro ese final donde Berta Socuéllamos guarda el dinero en una bolsa mientras suenan Los Chunguitos. Y de El amor brujo me guardo el baile de Fuego fatuo, donde Cristina Hoyos se eleva rodeada de manos flamencas mientras Antonio Gades la busca entre bailarines.
Muy pocos pasarán a la historia como abanderados de la libertad y la vanguardia artística como tú. Qué suerte la nuestra de haber crecido con tu arte. Cuando tuve la oportunidad de entregarte la Biznaga de Honor en el Festival de Málaga, me sorprendió que pensaras que no dejas discípulos. Los dejas. Y muchos. Creo que la admiración y la inspiración que despiertas en nuestra generación de cineastas es profunda y honesta. Tu influencia se traslada en nuestras películas en mil formas y direcciones distintas. Estoy convencida de que ni la historia del cine español ni el cine español contemporáneo serían lo mismo sin tus películas.
Descansa en paz, querido maestro, gracias ahora y siempre.

Carla Simón es directora y guionista española, ganadora del Oso de Oro de la Berlinale por Alcarràs.

sábado, 17 de diciembre de 2022

Despedida de Serrat

Joan Manuel Serrat se retira de los escenarios en estos días, sirva como homenaje este artículo que recoge, de mano del escritor Manuel Vicent, lo que ha significado para varias generaciones de seguidores, los mismos que seguiremos utilizando sus canciones para continuar escribiendo las historias de nuestras vidas.

            Fuente: El País

Artículo publicado en El País del domingo 11 de diciembre de 2022.

Joan Manuel Serrat se despide. Si un artista se retira, puede volver, como sucede a menudo; en cambio, despedirse en este caso significa que Serrat se dispone a bajar definitivamente del escenario dejando atrás un caudal de belleza y de placer compartidos con su público durante más de 50 años. En el aire quedará el sonido de aquellos tranvías que transportaban hacia las playas los domingos a gente derrotada y la devolvían con los cuerpos llenos de sol de aquel Mediterráneo con olor a algas y a brea. En el aire quedarán los gritos de aquellas adolescentes que fueron las primeras en arañarse las mejillas en los conciertos de Serrat. Ignoras dónde estará aquella niña de 15 años cuyo nombre ya no recuerdas, que oyó tus primeras palabras de amor, sencillas y tiernas, con los labios salados de mar. Tal vez habrá engendrado a su hija en una noche de sábado oyendo una de las canciones de Serrat. Tal vez aquella niña estará sentada con esa hija y con alguna nieta en este último concierto y si te cruzaras con ella la reconocerías con la mirada. Atrás quedará intacta la rebeldía moral del artista, tenaz, comprometida, puesta a prueba en momentos muy aciagos de la dictadura, usando como arma la alegría de vivir. La voz de Joan Manuel Serrat dio a entender que existe una patria universal a la que te llevaba la belleza de aquellas palabras cantadas en catalán o en el castellano de Machado y de Miguel Hernández. Las canciones de Serrat quedarán en el aire como una lección que el Mediterráneo ofrece de placer, de equilibrio y de locura de un amor olvidado tras las cañas. Este mar le enseñó a un chaval del Poble Sec a ser un catalán de Barcelona, de Madrid, de Buenos Aires, de México, de Santiago de Chile, y también de cualquier taberna de Mahón sin más bandera que un vaso de vino enarbolado. Despedirse significa en este caso que en el aire siempre quedará Serrat.

SOBRE LA FIRMA.

Manuel Vicent

Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.

martes, 13 de diciembre de 2022

Clubs de Lectura. Jazmina Barrera

Babelia, el suplemento sobre libros y otras artes del periódico El País, publica hoy martes un artículo de la escritora mexicana Jazmina Barrera sobre los Clubs de Lectura. Me ha parecido interesante. Aquí os lo dejo.

JAZMINA BARRERA  -  13 DIC 2022 -

Mi primera experiencia de lectura en compañía fue cuando era niña. Antes de que supiera leer, mi madre me leía todas las noches, y cuando supe, fingí por un tiempo, porque pensé que si se enteraba me iba a dejar leyendo sola. Pero se enteró poco después y empezamos a turnarnos la lectura en voz alta. Era mi momento favorito del día, si me había peleado con mi madre, ahí se nos olvidaba, y se me olvidaban también las peleas con las amigas de la escuela y el miedo a los alienígenas y a los caníbales. La lectura era el espacio de entretenimiento, porque mi madre decía que a mi casa no llegaba la televisión (y yo le creí por demasiado tiempo). Leímos juntas hasta que cumplí diez años, cuando empecé a leer sagas de fantasía que desesperaban a mi madre porque tenían demasiados personajes. Ahí descubrí el placer de la lectura en soledad. Pero ese tiempo en que leí con mi madre, esa asociación de la lectura con el afecto, la convivencia y el gozo, fue decisiva en mi elección de estudiar literatura y dedicarme a las letras.

He sido parte de pocos clubs de lectura, aunque estudié Letras Inglesas y eso era un poco como estar en varios clubs al mismo tiempo. Con mis amigos de la carrera hicimos un club de Jane Austen donde leímos todos los libros conocidos de la autora. Zeidy, El rojo, Antonio y yo nos reuníamos una vez al mes, como señoritas victorianas, a tomar té en Azcapotzalco, en la colonia Obrera y en la San José Insurgentes para discutir esas novelas entrañables, geniales y divertidas que me han acompañado siempre.

También en la universidad asistí a un club de lectura al que llamaban “tertulia”, pero como el anfitrión dijera que pretendía que fuéramos el nuevo Ateneo de la Juventud salí corriendo de ahí y no regresé.

Un par de años después, un grupo de amigas y hermanos de amigas hicimos un club de lectura que sólo tuvo una sesión —que yo sepa— donde leímos y discutimos Los detectives salvajes entre clamores pasión y decepción (a mí la novela me apasionó, me decepcionó y me volvió a apasionar). En ese club conocí a Irene, con quien varios años después organizamos un club de lectura de Wittgenstein. Irene es filósofa, yo le temo a la filosofía y sin su guía no me habría atrevido a leer el Tractatus, que sin embargo resultó mucho más entretenido de lo que imaginaba.

Ahí terminan mis experiencias de clubs de lectura. Desde entonces he estado en varios talleres entre amigas, que son en el fondo clubs de lectura donde leemos textos en proceso. Ahora me turno noche por medio con el padre de mi hijo para leer con él. Estamos leyendo juntos la extraordinaria novela Mofeto y Tejón.

A finales del 2021 publiqué una novela llamada Punto de cruz que habla de amistad y de bordados. Desde que apareció, la novela ha sido leída en más de 30 clubs de lectura a los que he tenido la suerte de asistir de manera virtual, para escuchar comentarios y responder algunas preguntas sobre el libro. Según me cuentan las organizadoras, casi todos son clubs nacidos en pandemia y casi todos están compuestos principalmente por mujeres. Fuera de eso, la diversidad es la regla. He estado en clubs de mujeres mayores de sesenta años en bibliotecas españolas, clubs feministas de jóvenes veracruzanas, clubs de diversas edades en librerías de Argentina, clubs de suscripciones mensuales con cientos de participantes, clubs de cinco amigas en la colonia Narvarte, clubs de bordado donde a veces también leen, clubs dirigidos por influencers y clubs espontáneos y horizontales. En todos ellos me he encontrado con ese entusiasmo, ese compañerismo, esa complicidad y ese disfrute de leer en compañía.

Pero lo que más me ha sorprendido es que en muchos de esos clubs he conocido personas que me cuentan que antes de unirse al club no leían, que empezaron a leer desde que son parte. Leer es uno de esos hábitos que siempre pensé difícil de adquirir después de cierta edad. Salvo mi abuela, que empezó a leer cuando sus hijos crecieron, tengo pocos ejemplos a mi alrededor de personas que agarraron el gusto por la lectura después de cumplir veinte años. El fomento de la lectura me pareció siempre un trabajo dirigido a la infancia y la adolescencia, nunca se me ocurrió que la clave para las personas adultas era la misma que me llevó a mí a ser lectora: el acompañamiento, la comunidad, el afecto.

Dice Margit Frenk en su hermoso libro Entre la voz y el silencio que la lectura fue, hasta por lo menos el siglo XIX, una actividad llevada a cabo principalmente en voz alta y en compañía. Quise escribir esto para celebrar estas comunidades de mujeres que han regresado a esas raíces de la lectura y que le están dando una nueva oportunidad, una mejor vida a los libros.

Jazmina Barrera es escritora mexicana, autora de libros como ‘Cuerpo extraño’, ‘Línea nigra’ y ‘Punto de cruz’.

viernes, 29 de abril de 2022

Juan Diego in memoriam

Ayer falleció Juan Diego, un actor, de teatro y cine, comprometido con la profesión pero a la vez comprometido con la sociedad en la que vivió. Sirva como homenaje estas palabras recogidas de un artículo más extenso publicado en El País por su compañero de profesión Juan Diego Botto.

Juan Diego no era solo un actor, era un pilar sobre el que se sostenían la credibilidad, la modernidad y la dignidad de nuestro oficio y, si me apuran, de una parte importante de nuestro país. Es conocida la frase de Bertolt Brecht sobre los imprescindibles: hay personas que luchan un día y son buenas; hay otras que luchan un año y son mejores, pero están los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

Juan era, sin duda, imprescindible.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Almudena Grandes

Hay noticias que uno no quisiera recibir nunca, como la que acabamos de recibir. Almudena Grandes ha fallecido. Triste noticia para aquellos que admiramos su escritura, sus historias, su compromiso con aquellos a los que la historia y parte de la sociedad dejó maltratados y abandonados, la seriedad que siempre ponía en sus trabajos, su solidaridad con las "causas perdidas", su alegría a la hora de vivir y compartir,...

Almudena, gracias por ofrecernos un camino que seguir a través de tus obras, gracias por tener un motivo por el que abrir un libro y con él rellenar un hueco en nuestra alma, gracias por mostrarnos el mundo de "los perdedores" y hacernos creer que no todo se perdió y darnos confianza para imaginarnos que antes de llegar al final del libro, esa historia que conocíamos, será distinta a partir de ahora, gracias por llenarnos muchas de nuestras horas solitarias, gracias por hacernos mejores, gracias por haber vivido y compartido parte de tu vida con nosotros a través de tus libros, gracias por todo.

Su compañero Luis escribió este poema en un poemario dedicado a ella en el año 2015. Sirva ahora de despedida. ¡Hasta pronto! Te seguiremos viendo en tus libros.

  

martes, 8 de junio de 2021

Los libros esperan. Juan José Millás

Este artículo de Juan José Millás fue publicado en el País Semanal del domingo 6 de junio de 2021. Me pareció bastante interesante, por su relación con el mundo de los libros.


La biblioteca de Holland House en Kensington, Londres, dañada por una bomba incendiaria Molotov "Breadbasket", el 23 de octubre de 1940.CENTRAL PRESS/HULTON ARCHIVE/GETTY IMAGES) / GETTY IMAGES

Cada vez que me asomo a esta fotografía me pregunto si quienes aparecen en ella están posando o han sido sorprendidos por el fotógrafo. Supongo que lo podría averiguar, pero me resisto a ello, pues resultaría decepcionante descubrir que fuera un montaje. Lo que vemos es una biblioteca de Londres bombardeada en octubre de 1940 por la aviación alemana. Las estanterías, con sus libros, son milagrosamente lo único que ha quedado en pie frente al conjunto de escombros que aparece en el centro de la estancia. Todas las ruinas arquitectónicas resultan idénticas. No se saben morir los edificios. Puedes coger los restos de un jarrón chino, reunirlos y obtener de ellos un hermoso conjunto, pero la mezcla de las vigas, cemento, tejas y ladrillos da lugar, indefectiblemente, a una escombrera de entre cuyos huecos tampoco es raro que surjan ratas cuyo hábitat también ha sido destrozado.
Pero lo importante de esta imagen es la actitud serena de los hombres que revisan los títulos. La cultura, incluso en medio del caos más absoluto, es una proveedora de orden, de sintaxis, de orientación. Ya el hecho de que esa cantidad de volúmenes sea lo único que ha permanecido en pie da una idea de la fortaleza moral de la página escrita. La cultura quita los nervios. Observen, si no, el aspecto casual con el que esos tres lectores, ajenos por completo a un desastre que pondría los pelos de punta al más pintado, van a la caza de la novela, la poesía o el ensayo deseados. Sin prisas, sin agobios, sin ansiedad. Los libros siempre nos esperan. No huyen de la quema, no se espantan. Y se lo saben todo.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Poema de Jesús Mª de Castro

Con motivo de la lectura de la novela "Los girasoles ciegos" y, más concretamente del segundo relato, Jesús Mª de Castro, miembro del Club de Lectura "Ben-al-Arte", ha compuesto el siguiente poema:

SOLEDAD

Me lancé al campo de batalla
con un lápiz y un papel,
de mi cuerpo salieron
palabras de consuelo para los heridos,
sonrisas tenues para los soldados,
ánimos para todos,
pero... la suerte estaba echada,
habíamos perdido.

No me queda más remedio que huir,
después de perder esta guerra,
con mi mujer y mi futuro hijo
para olvidar las ilusiones perdidas
intentando rehacer, lejos, nuestras vidas.

Mi joven mujer ha muerto en el parto,
estoy solo en el monte
con mi hijo recién nacido
sin saber qué hacer:
cómo alimentarlo,
cómo darle cariño,
cómo arroparle en estas noches frías,
cómo decirle que no tiene madre.

Allá donde yo voy, huele a derrota,
y de derrota ha muerto Elena,
y de derrota morirá mi hijo,
y con la derrota moriré yo.

Tengo el miedo, que tanto miedo me daba,
tengo miedo de que el niño enferme,
tengo miedo de enfermar yo,
tengo miedo de tanto miedo.

Me siento sucio y degradado
porque en realidad,
yo soy también hijo de esa guerra
que muchos, pretendieron olvidar.

He vuelto a revivir el olor de la sangre,
he vuelto a sentir el ruido de la muerte,
he visto otra vez el color de las víctimas,
he oído el llanto de las  calaveras.

El niño ha muerto,
le llamaré Rafael, como mi padre,
no he sabido mantenerle vivo,
aprendió de su madre a morir,
esta mañana
no ha querido escuchar mis palabras de aliento.

Muero yo con ellos
ya, no me queda nada,
ni familia,
ni amigos,
ni la guerra ganada.  

domingo, 13 de diciembre de 2020

Artículo de Manuel Vicent

Hoy domingo, 13 de diciembre, El País publicaba en su última página este artículo firmado por Manuel Vicent, que lleva por título "Oigo, patria".

Con el estuche del violonchelo en la espalda, sin tener ni idea de que, al parecer, la patria estaba en peligro, aquella adolescente de 15 años tomó el autobús camino del conservatorio como cada mañana. En la misma parada subieron otros viajeros que seguían todos los días el mismo itinerario. Una enfermera se apearía en el hospital, un profesor de Matemáticas lo haría en la puerta del instituto, una asistenta social en la casa de una anciana a la que cuidaba. Era gente normal y corriente que iba a su trabajo. Ninguna autoridad de tráfico había advertido de que en la avenida principal de la ciudad se estaba produciendo a esa hora una manifestación patriótica y sin poderlo evitar el autobús se encontró ante una marea de vítores y banderas españolas que le impedía seguir. Los manifestantes muy airados proferían insultos al Gobierno socialcomunista traidor, gritaban que España corría el peligro de romperse e incluso algunos más desaforados amenazaban con fusilar a medio país si fuera necesario. El viento de otoño que arrastra las hojas muertas traía y se llevaba el eco de una voz desgañitada de alguien que desde una tribuna con un megáfono clamaba: “Oigo, patria, tu aflicción/ y escucho el triste concierto/ que forman tocando a muerto/ la campana y el cañón”. La marea de gritos y banderas españolas terminó por rodear el autobús y algunos exaltados se pusieron a aporrear las ventanillas. Ante aquel acoso, temiendo lo peor, la adolescente en defensa propia y de los demás viajeros sacó del estuche el violoncelo y comenzó a tocar. Fuera los patriotas gritaban, unos a favor de la campana y otros del cañón. El autobús trataba de avanzar y mientras se abría paso en medio de la crispada multitud aquella adolescente, creyendo que la música amansaría a las fieras, interpretaba con la máxima dulzura la Suite nº 1 para violonchelo de Johann Sebastian Bach.

sábado, 24 de octubre de 2020

Día de la Biblioteca

La noche del 25 de agosto de 1992 fue bombardeada Vijećnica. Trabajadores de la biblioteca y algunos vecinos que intentaron salvar obras de la destrucción murieron bajo los morteros y las balas de los francotiradores serbios.

La biblioteca ardió durante tres días y su contenido quedó reducido prácticamente a cenizas: cerca del noventa por ciento de la colección se destruyó en el incendio. Los edificios circundantes permanecieron intactos tras ese ataque. 

El violonchelista Vedran Smailovic, integrante de la Orquesta Filarmónica de Sarajevo, interpretó durante 22 días el Adagio de Albinoni en las ruinas de la biblioteca, una imagen que se difundió en numerosos medios de todo el mundo. 

Desde el año 1997, la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil promueve la celebración del Día de la Biblioteca el día 24 de octubre, en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo.

Este año, la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, bajo el lema "Bibliotecas, siempre a tu lado", impulsa la celebración de ese Día para destacar el importante papel que juegan las bibliotecas en el acceso a la cultura, al conocimiento y al entretenimiento.

La Biblioteca Pública de Arroyo de la Miel, entre otras actividades. publica un manifiesto para esta celebración cuyo autor ha sido José Manuel Portero, escritor y Presidente de la Asociación Cultural "Ben-al-Arte" de Benalmádena.

Este es el texto del manifiesto:

Confieso que tengo debilidad por las bibliotecas públicas. No hay pueblo que visite que, si puedo, me acerco a ese lugar mágico donde el saber se oferta paciente entre las tapas de los libros alineados en los anaqueles. Abrirlos, hojearlos, olerlos, leerlos…, todo un placer para los sentidos y un estímulo parala inteligencia.

La visita a una biblioteca pública nos da mucha información sobre el pueblo y sus gentes. Uno puede encontrar una gran población que dispone de buenas instalaciones para la biblioteca, pero con sus mesas vacías de lectores, de estudiantes. Bibliotecas muertas, como los cementerios. Me emocionó hace unos años una aldeíta del interior de Asturias, cuatro casas aisladas, sin escuela, solo una guardería con una sala anexa que hacía de biblioteca, sin bibliotecario, pero con gente leyendo. ¡Y unas vacas curioseando fuera, tras los cristales!

El próximo 24 de octubre es el Día de las Bibliotecas. Viene bien tenerlo en cuenta porque es mucho el camino que en cultura queda por recorrer en nuestro país. Creo que no viene mal recordar que hubo un tiempo no muy lejano, en el que el acceso a la educación y a la cultura no era universal, que las bibliotecas en nuestros pueblos eran un bien deseado, pero no siempre posible… Y, curiosamente, que esas carencias que he mencionado iban unidas a la falta de democracia y libertad. Todo lo mucho que en esos aspectos se ha conseguido, nada ha sido regalado. Se ha llegado hasta aquí a base de esfuerzo y lucha por unos derechos, que son los que se deben reivindicar ese día y a lo largo del año, y año tras año.

Las buenas bibliotecas han ido diversificando sus actividades, de manera que ya no solo se reducen al préstamo de libros, o al lugar de estudio y consulta.

A esas funciones básicas se les han unido otras, como la promoción de la lectura a través de clubes, talleres, conferencias, presentaciones de libros, amén de los recursos informáticos-tecnológicos. En fin, una extensa variedad de actividades, pero con una finalidad común: proporcionar herramientas que sirvan para la formación permanente del individuo, que les permita ser partícipes de una sociedad democrática, justa y libre.

Tenemos la suerte de que Benalmádena cuenta con dos bibliotecas públicas donde se realizan numerosas actividades complementarias. Adolece, sin embargo, la de Benalmádena Pueblo de unas instalaciones acordes a las necesidades actuales de los ciudadanos. Falta hace que el Ayuntamiento solucione de una vez esas carencias, que son crónicas en el tiempo. Por el contrario, debemos felicitarnos por disfrutar en Arroyo de la Miel de unas instalaciones modélicas, en un enclave privilegiado, con unas vistas envidiables, con los recursos y personal idóneos a la enorme cantidad de actividades que se organizan. Y, lo más importante, sus mesas y espacios llenos de usuarios.

viernes, 15 de mayo de 2020

Fallece Juan Genovés

Hoy, 15 de mayo de 2020, ha fallecido Juan Genovés, pintor valenciano, comprometido antifranquista, conocido por ser el autor de la pintura El abrazo, que, aunque en un principio la confeccionó para pedir la libertad de los presos políticos, terminó utilizándose como símbolo de la transición española de la dictadura a la democracia, representando la reconciliación a la que aspiraban todos los ciudadanos en esos momentos. Posteriormente se usó para pedir la amnistía y acabó cedida a Amnistía Internacional para pedir la amnistía en todo el mundo y distribuyéndose miles de carteles. Decía el autor que esa pintura ya no le pertenecía  a él sino que esa imagen pertenecía ya a todo el mundo. 
En la actualidad se encuentra expuesto en el Museo Reina Sofía de Madrid.



Utilizando dicho cuadro como modelo, se realizó un grupo escultórico como homenaje a los tres abogados laboralistas, un estudiante y un administrativo, asesinados por un comando ultraderechista en un bufete de Comisiones Obreras y el Partido Comunista situado en la calle Atocha, en enero de 1977.
Dicha escultura se encuentra en la Plaza Antón Martín, en las confluencias de la calles Atocha y Magdalena, muy cerca del inmueble en el que se encontraba dicho bufete.


¡Descanse en paz!

domingo, 23 de septiembre de 2018

A vueltas con el Valle de los Caídos

En la actualidad es complicado encontrar opiniones que, en lugar de criticarlo todo, se animen a presentar soluciones, aunque unas sean más viables que otras. Debemos de acostumbrarnos todos a cuando no nos gusta algo aportemos cuál es nuestra solución, lo otro es demasiado fácil y lo que hace es enturbiar y enrarecer la convivencia.

Este sábado he leído este artículo en el País (Tomar el valle de María R. Mestres) que aporta una solución a un tema que está candente. Por supuesto que no gustará a todo el mundo, pero es la riqueza de la democracia, que haya diversidad de opiniones.

Aquí os lo dejo, para el que quiera leerlo.

El presidente Sánchez ha establecido como una de las prioridades de su Gobierno decidir el destino del Valle de los Caídos, el colosal mausoleo donde están enterrados Franco, José Antonio y miles de soldados nacionales y republicanos, algunos exhumados sin permiso de las familias para completar el proyecto del dictador. El monumento es problemático: conmemora la victoria de un bando sobre otro, haciendo de las personas enterradas meras piezas de un sistema de representación.

Los planes del Gobierno parecen sugerir que los únicos restos que dan significado al monumento son los del dictador, como si los otros miles de cuerpos supusieran un problema ideológico menor. Sin embargo, mientras Cuelgamuros sea un cementerio no se podrá sustraer al ideal que lo levantó. El Valle de los Caídos no se fundó como cementerio civil, no puede ser Arlington. En este último, conmueve la sobriedad de las tumbas idénticas, con la misma lápida blanca donde se leen el nombre, el rango, las fechas de nacimiento y fallecimiento, y el lugar donde cada persona perdió la vida. Por el contrario, la identificación es un lujo en el Valle de los Caídos. Miles de cadáveres yacen anónimamente, celebrando la patria que les dio muerte.

Para que la democracia pueda apropiarse el Valle tendría que dejar de ser un cementerio. No puede albergar caídos por ninguna patria, porque esos caídos no estaban siquiera de acuerdo sobre la patria en cuestión, y nuestra posición colectiva sobre el conflicto tiene que ser clara. Es cierto que, aun exhumando todos los restos, una arquitectura tan marcada por la historia seguiría dificultando determinar el futuro del monumento. La única solución parecería ser entonces convertirlo en otro centro de peregrinaje: si ahora son los nostálgicos del régimen quienes lo visitan, al transformarlo podrían ser los descendientes de sus víctimas. Pero esta transformación daría a entender que el concepto de memoria abarca únicamente la historia que no se pudo contar durante la dictadura y que nuestro trabajo, como herederos, se limitaría a recordar a aquellos que la padecieron. Sin embargo, cuando un país ha estado tan dividido durante tanto tiempo, todos somos necesariamente “hijos de los vencedores y de los vencidos”, y todos tenemos derecho a querer y a honrar en privado a nuestros familiares. Las diferencias de bando son una herencia que se nos tiene que explicar, pero que no puede dar forma a nuestro espacio público.

La construcción del monumento empezó al acabar la guerra, y se utilizó mano de obra forzada republicana. Pensar que la historia del Valle de los Caídos es la de la Guerra Civil es reductor: cada piedra nos cuenta además la historia de su construcción. Esto no se tiene en cuenta cuando se decide sobre su destino, puesto que se piensa más en el símbolo ideológico que en la realidad material que lo sustenta. Hacer del Valle el monumento a los que no lo tuvieron olvida que su construcción tiene también una historia propia, con el telón de fondo de la dictadura, y que nada impediría que se abordasen como dos relatos distintos. El primero, el de la historia del Valle, recordaría a quienes participaron en su construcción, ciudadanos de una España vencida o de una España pobre que buscaba trabajo después de un conflicto que había destrozado el país.

El segundo es el que se nos tendría que enseñar en las escuelas. Haciendo esta diferencia y practicando esta autorreferencialidad con respecto al monumento, neutralizaríamos la ideología que lo inspiró y liberaríamos, para apropiárnoslo, un espacio al que devolvemos su historia. El Valle de los Caídos podría entregarse entonces a los ciudadanos como está, pero sin tumbas, para que a lo largo de los años lo aprovechen como estimen: como centro cultural, de conferencias o cualquier otro uso, a condición de que en muros y recintos esté siempre presente la historia de su construcción.

En Berlín, el edificio del ministerio de aviación nazi y luego casa de los ministerios bajo Stalin alberga hoy el Ministerio de Finanzas. En la fachada que da a la avenida que lleva a Potsdamer Platz, hay un mural comunista que muestra la gran marcha del proletariado hacia la modernidad. En 2000, el artista Wolfgang Rüppel realizó frente a él una instalación con la fotografía de una de las primeras manifestaciones anticomunistas del Este, el 17 de junio de 1953. La fotografía tiene las mismas dimensiones que el mural del que es reflejo. En espacios semejantes, Berlín no fosiliza ni destruye su historia, sino que la muestra. Como la fotografía de Rüppel, que desmiente el realismo socialista del mural, habría que contar la historia del Valle y mostrar cuanto esconde su grandilocuencia. Cuelgamuros no está en el centro de Madrid, pero es tan nuestro como la Gran Vía o la Puerta del Sol. Solo tendríamos que tomarlo.

María R. Mestres es licenciada en Letras por La Sorbona y la EHESS de Paris, y doctoranda en el Freie Universität de Berlín.

lunes, 20 de agosto de 2018

Pederastia en la Iglesia

En el diario El País del domingo 19 de agosto, aparece una carta abierta al papa Francisco, cuya autora es Nancy Huston, que me parece que apunta muy acertadamente sobre el nacimiento de esta lacra y a las posibles soluciones. Me parece una aportación interesante a un gran problema en el que hay que ir sustituyendo "peticiones de perdón" por soluciones tangibles.

Querido Francisco:

Le escribo el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, después de haberme enterado por la radio esta mañana, al levantarme, de otro nuevo escándalo de pedofilia que ha “salpicado” a la Iglesia Católica —esta vez en Pensilvania—, con un millar de niños violados o agredidos sexualmente por sacerdotes durante los últimos 70 años. Y, teniendo en cuenta la rapidez con la que los responsables se deshacen de las pruebas y la vergüenza y la resistencia de las víctimas a alzar la voz, podemos estar seguros de que las cifras reales son más elevadas y de que los casos conocidos, ya de por sí numerosos, no son más que la punta del iceberg.

Probablemente le habrá llamado la atención, como a mí y como a otros, el parecido entre esta oleada de “escandalosas” revelaciones y la que ocupa los titulares desde hace casi un año, relativa al acoso sexual de las mujeres en la calle y en el lugar de trabajo. Lo que está en juego en ambos casos es la propensión de los hombres a aprovecharse de su poder político y físico para satisfacer sus necesidades sexuales. Si pusiéramos a disposición de los niños de todo el mundo una plataforma de Internet en la que pudieran decir la verdad de forma secreta y anónima, la avalancha de quejas superaría en violencia y en volumen a la campaña de #MeToo. Es cierto que muchas víctimas de sacerdotes no podrían dar testimonio, por su edad (18 meses, en un ejemplo oído esta mañana) o por su pobreza (niños del Tercer Mundo que son analfabetos o no están “conectados” a Internet).

Por supuesto, no basta con las denuncias. Podemos gritar hasta quedarnos roncos, pero, si no hacemos algo para eliminar los factores que favorecen estos actos inapropiados, seguirán produciéndose. En el caso de los depredadores sexuales normales y corrientes, es fundamental que busquemos las causas de su comportamiento sexista. En el de los sacerdotes católicos, no hace falta buscar nada. La causa es evidente.

¿Por qué son los niños sus víctimas preferidas? No porque los sacerdotes sean pedófilos —la proporción de pedófilos entre ellos seguramente no es mayor que entre la población en general—, sino porque esos hombres tienen miedo, y los jóvenes, que son más débiles, más vulnerables y más fáciles de intimidar, tienen muchas menos probabilidades de denunciarlos que los mayores. Si los curas sacaran sus penes entumecidos —esos pobres órganos frustrados, eternamente reprimidos— en presencia de sus feligreses adultos, o visitaran habitualmente a trabajadores del sexo, los “atraparían” de inmediato. Con los jóvenes, pueden hacer lo que quieren durante años e incluso decenios. Tienen a su alcance a todos esos niños recién llegados al coro, las niñas que acaban de recibir su confirmación, una joven virgen en la intimidad del confesionario, un guapo adolescente en un campamento de verano... El poder y la influencia de los sacerdotes sobre esas personas son sobrehumanos, casi divinos. Y pueden volver a hacer lo mismo al año siguiente, con los mismos grupos o con otros nuevos. Esto no tiene nada de sagrado, Francisco: es una profanación.

Salvo que creamos que los interesados en incorporarse al clero son todos pedófilos y pervertidos, debemos reconocer que el problema no tiene que ver con la pedofilia ni la perversión, y olvidarnos de los clichés de una vez por todas. El problema es que a unas personas normales se les pidan cosas anormales. La “perversión” está en la Iglesia, en su negativa a reconocer la importancia de la sexualidad y las desastrosas consecuencias de reprimirla.

En las últimas décadas, varios países cristianos —o Estados no confesionales pero históricamente cristianos— se han aficionado a denunciar las costumbres extranjeras que consideran bárbaras o injustas; me refiero, en particular, a la circuncisión femenina y la obligación de llevar burka. Nos gusta señalar a los que practican esas costumbres que en ningún lugar del Corán (por ejemplo) se estipula que haya que mutilarles el clítoris a las niñas o cubrirles el rostro a las mujeres, que esas costumbres se inventaron en un momento histórico concreto para contribuir a organizar los matrimonios y distribuir la riqueza. Como nos parece que esas tradiciones son intrínsecamente incompatibles con los valores humanos universales (libertad, igualdad y fraternidad) y los derechos individuales, en especial el derecho a la integridad física, nos sentimos autorizados para prohibirlas dentro de nuestras fronteras.

Pero quienes se entregan a estas prácticas las consideran indiscutibles e inseparables de sus identidades, exactamente lo mismo que opina la Iglesia sobre el dogma del celibato sacerdotal. No es este el sitio en el que discutir las múltiples y complejas razones por las que, tras la separación entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, esta última decidió diferenciarse de la primera imponiendo el celibato a sus sacerdotes. Es sabido que Jesús no dijo nada al respecto. Aunque él no se casó, entre sus apóstoles sí había hombres casados, y, en otras formas y otras épocas, el cristianismo ha permitido y sigue permitiendo que sus oficiantes se casaran. El dogma católico del celibato se remonta a la Edad Media, mil años largos después de la muerte de Cristo.

Jesús no dijo nada al respecto y entre sus apóstoles había hombres casados.

Lo que hay que subrayar es que ese dogma, tan dañino, al menos, como la circuncisión femenina y el burqa, es consecuencia de una decisión histórica concreta. Y eso significa que se puede revocar con otra decisión histórica, que solo usted, Francisco, está en situación de tomar. Sí, solo usted tiene el poder de eliminar la obligatoriedad del celibato para los sacerdotes católicos y, de esa forma, proteger a un número incalculable de niños, adolescentes, hombres y mujeres en todo el mundo.

El celibato forzoso no sirve de nada. Está suficiente y repetidamente demostrado. La mayoría de los sacerdotes no logran conservar la castidad. Lo intentan, pero fracasan. Hay que reconocer la verdad y enterrar este inicuo dogma de una vez por todas. Es un crimen seguir tergiversando la realidad y perdiendo tiempo con la cantidad de vidas destruidas por su culpa. Sabe que eso es así, Francisco; todos lo sabemos. El papel de la Iglesia no es proteger a los poderosos, sino a los indefensos, no a los culpables, sino a los inocentes. Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mateo 19:14). En el último milenio, ¿cuántos millones de niños se han apartado de la Iglesia, asqueados de ella, sin poder acudir a Jesús después de haber vivido este trauma?

Por eso le pido, Francisco, que tenga el valor para decir BASTA. Como autoridad suprema de la Iglesia católica, sería, con gran diferencia, el acto más importante, más valeroso y más cristiano de todo su mandato. Sé que no lo haría en busca de gloria personal, pero es indudable que se la daría. Los sacerdotes y sus congregaciones le rendirían homenaje eterno por su clarividencia, su humanidad y su sabiduría.

Sea valiente, se lo ruego. Ha llegado el momento. La Iglesia debe dejar cuanto antes de permitir (es decir, perpetuar, es decir, cometer) unos crímenes que han arruinado tantas vidas en todo el mundo durante 10 siglos. ¡Di BASTA, Francisco!

Y si no lo dice, al menos, tenga la amabilidad de explicarnos las verdaderas razones de su decisión.

Nancy Huston es escritora. Uno de sus libros recientes  La especie fabuladora (Galaxia Gutemberg).

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Publicado en El País del domingo 19 de agosto de 2018 (Pág. 4). Título: Carta abierta al papa Francisco.