La obra podemos
catalogarla como novela negra, pero como una parodia que reúne todas las
características del género con el añadido de un tono esperpéntico e incluso
surrealista llevado muchas veces al extremo.
La novela es
la tercera entrega de la trilogía que protagoniza el mismo personaje, un
detective anónimo, muy sui generis,
que en comentarios de algunos lectores es nombrado como el detective de las Pepsicolas,
pues es su bebida favorita.
El
protagonista es expulsado del manicomio en el que llevaba ingresado una
larguísima temporada. Los terrenos se van a destinar a una promoción
inmobiliaria cuya empresa tiene paradójicamente el mismo nombre que el Director
del Centro.
Sus pasos se
dirigen a la ciudad de Barcelona, sin saber si reconocerá el espacio al que se
dirige después de tanto tiempo. El espacio físico ha cambiado bastante, ahora
parece más moderno y limpio, pero no a todos los rincones ha llegado el cambio
y además hay cosas que nunca cambian.
Con alguna
ayuda, consigue dar con el paradero de su hermana, ahora casada y conviviendo además
con su suegra. Tiene la suerte que su cuñado le va a proporcionar un empleo en
un negocio floreciente y con perspectiva de mejorar, un tocador de señoras.
Él se hace el
firme propósito de organizar su vida y convertirse en una persona decente,
integrada socialmente y con la idea de llevar una vida tranquila y poder prosperar.
Las cosas se
empiezan a complicar desde el momento en que recibe la visita de una señorita y
no precisamente para recibir los servicios que se ofertan en el negocio, sino
que le hace una oferta mediante la que por un trabajo fácil de sólo unas horas
puede hacerse con una buena suma de dinero. Acepta a regañadientes.
Aunque
parecía fácil, la cosa se complica y se ve envuelto en un enredo que lo lleva a
tener que utilizar sus dotes de investigador para poder desentrañarlo.
En el proceso
de investigación va a conocer los entresijos de la sociedad barcelonesa, las
relaciones de la clase política, empresarial y la alta burguesía de la ciudad,
aderezado además con una campaña electoral que hay en marcha para renovar la
alcaldía.
En la trama
aparecen bastantes personajes secundarios de las más diversas ocupaciones,
trabajos y cargos, pero todos se mueven en un mundo de apariencias en la que la
mayoría no son lo que aparentan, se mueve en negocios turbios y la corrupción
salta a la vista.
Mientras
avanza la historia, el enredo es cada vez mayor porque cada personaje aporta
una versión personal y distinta de los hechos, hasta llegar al momento en el
que, estando reunidos todos los personajes importantes en un mismo espacio,
remedando algunas novelas del género, se empiezan a desgranar versiones,
opiniones, culpabilidades, exoneraciones,…; hasta que, por fin, con las
aportaciones del detective, se descubren las actuaciones de cada uno y se
obtiene la verdad del caso.
La obra se
desarrolla con la misma estructura de investigación que caracteriza a una
novela negra, pero tratada desde un punto de vista grotesco y surrealista, con
unos personajes totalmente disparatados que llevan a cabo acciones absurdas.
Esta tercera
entrega se diferencia de las dos anteriores en que aquí la sátira se centra más
en los matices del contexto social, empresarial y político.
La novela, y
sobre todo el personaje principal, está inspirada en la tradición de la
picaresca española.
Casi toda la
trama se desarrolla en Barcelona, una ciudad que, tras los fastos de la
celebración de las olimpiadas, nos ofrece una estampa en la que vemos como, bajo
la apariencia de que el progreso ha llegado a todos los lugares, ha dejado
zonas oscuras que se pretenden invisibles. La obra nos sirve para hacer visible
lo que el discurso oficial oculta.
La novela
aborda múltiples temas cotidianos pero desde una óptica satírica: el
tratamiento de las enfermedades mentales (locura), el consumo de drogas, la
marginalidad, el ejercicio del poder, la corrupción, el funcionamiento de la
policía en sus diferentes cuerpos y la relación entre ellos, el trabajo de los
inmigrantes,…. Pero lo hace sin grandilocuencia y como denuncia explícita, sino
planteándolos a través de situaciones cotidianas llevadas al extremo de forma
humorística.





